Para cocer bien los bizcochos, la temperatura del horno no debe ser muy elevada, unos 170 ó 175º.
Si el horno está muy caliente el bizcocho sube por el centro demasiado rápido y se tuesta la superficie, lo que impide que la masa se expanda.
Si el horno no alcanza la temperatura adecuada, el bizcocho sube por los lados y queda el centro hundido.
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